jueves, 12 de diciembre de 2013

¿Qué es meditación?

"En la situación actual, más que nunca, el ser humano, la sociedad y su forma de entender la vida necesitan una referencia fiable para mantener la calma. Posiblemente el momento de crisis que atravesamos sea inmejorable para ponerse nervioso, pero no me parece lo más adecuado. Permanecer sereno mientras todo se derrumba a tu alrededor no es fácil; es necesario. Y, tal vez, la oportunidad que se nos presenta para recuperar el sentido común sea una opción para la lucidez.

En nuestro concepto occidental la meditación está relacionada con el proceso intelectivo racional, y tiene por finalidad el conocimiento de algo a través del análisis. El que hayamos llamado meditación a ciertos caminos de conocimiento interior, puede complicarnos la comprensión del proceso. Eso que llamamos meditación (dhyan, en el contexto del yoga), también tiene por objeto el conocimiento, pero de un modo vivencial que no solamente implica el razonamiento discursivo. Explicar lo que es la mente de una forma concisa es algo que se me escapa. Pero según los antiguos sabios de la india, sería algo así como un conjunto de fenómenos perceptivos en el que cada estado presenta un modo peculiar de consciencia. Claro, esto parece muy complejo, y en realidad lo es; pero si digo instinto, emoción, razonamiento e intuición, se entenderá un poco mejor a qué hace referencia. Son, por explicarlo de algún modo, distintas expresiones del pensamiento.

En el centro de cada individuo existe un núcleo de vida al que llamamos SER. Todo apunta a que es un verbo, no un sujeto. De él depende la existencia de la mente, y de la mente la existencia del cuerpo físico. El conjunto cuerpo, mente, ser, fabrica una percepción individualizada a la que llamamos YO. Este yo depende en origen del ser, pero no es el ser en sí mismo. Es una proyección modificada por las peculiaridades de cada mente y de cada cuerpo. Meditar es vivir la autocontemplación del ser en sí mismo. En este estado de consciencia se carece de otra forma de percepción que la del propio ser (sea lo que sea, lo que eso quiere decir). Comúnmente, a esta vivencia se la llama meditación sin forma y es el estado original en el que residía el yo, antes de ser proyectado a ese universo personal conocido por algunos como microcosmos.

También le llamamos meditación al conjunto de estrategias, métodos y técnicas que ayudan a nuestra consciencia en su viaje de retorno al ser. Es un desarrollo progresivo que nos enseña qué es la mente y cómo transformarla en la herramienta más eficaz del universo. A esta forma de trabajo se la conoce como meditación con forma. Cualquier trabajo que nos haga reintegrar el pensamiento instintivo, el emocional, el racional y el intuitivo en ese centro del núcleo llamado vida, puede ser considerado meditación. Las tradiciones clásicas mantienen su eficacia porque aseguran la transmisión del conocimiento, de persona a persona. Decía mi maestro que sólo una vela encendida puede encender otra vela. Adentrarse en las carreteras de la mente sin una buena guía es, sin duda, una opción arriesgada. A mi modo de ver, la vela siempre ha estado encendida. Sólo hace falta enfocar bien la mirada y dirigirla allí donde está. Desconectar de lo externo a medida que se conecta con lo interno.



Cabeza y corazón son las dos caras de una misma moneda y meditar es sentarse en el canto; o si lo prefieres, descansar el yo mismo en el sí mismo para disfrutar de su propia plenitud, conocimiento y vida. Qué mejor referencia se puede esperar…

Revista Namasté

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