Vine a este planeta sin nada y sin nada me marcharé de él. El hecho en sí de haber nacido es un puro milagro. Cada día que he sobrevivido todos estos años ha sido un regalo maravilloso habiendo tenido, como todos, miles de posibilidades de ver finalizada abruptamente esta aventura. Cada persona que se cruzó en mi camino, cada experiencia, cada conocimiento puesto a mi alcance y cada ser al que he amado han sido, y continúan siendo verdaderos regalos que la vida me ofrece.
Poder comer todos los días (y si me descuido a todas horas), tener un techo donde dormir y muchas otras comodidades, bastante más allá de mis necesidades básicas, son preciosos regalos que me son otorgados. Poder ver, oír, hablar, degustar, caminar, respirar... auténticos dones recibidos sin contraprestación.
Tener la oportunidad de trabajar cada día es un regalo. Recibir un salario por ello es un regalo. Poder descansar es un regalo.
Con nada llegué y con nada me iré. Nada en realidad me pertenece aunque haga uso, temporalmente, de muchas cosas. Y sin necesidad de experimentar la soberbia sensación de "propiedad" me siento profundamente agradecido por la vida que este Universo me permite disfrutar.
Por eso, si este mundo decide ofrecerme un poco menos de algo de todo eso continuaré mostrando mi gratitud sincera por todos los regalos, los que aún reciba y los que algún día recibí. Nadie me habrá "quitado" nada porque nada me pertenece. Nadie habrá usurpado mis derechos adquiridos porque, en la inmensidad del Cosmos, soy un ser insignificante y no es que tenga derecho a una determinada calidad de vida, más bien, es la vida la que tiene derecho a desarrollarse a través de mí y así el Universo se experimenta a sí mismo a través de mí.
Es el milagro permanente de la vida y tú también eres uno de los elegidos para disfrutarla. Enhorabuena.


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