¿Identificado con tu mente, con tu cuerpo? Te
defines como la imagen que refleja el espejo. Hablas de ti en términos
físicos, éticos o intelectuales. Piensas que lo que te define es ser andaluz o
catalán, español nativo o inmigrante, blanco o negro. ¿Crees que es muy
importante para ti sentir que formas parte del grupo de los, no sé, digamos de
los payos o de la clase media o de los trabajadores o de los autónomos o
de los indignados? Piensas que necesitas aferrarte a cualquier colectivo para
tener una identidad y crees que tienes que luchar por los intereses de "tu
gente", de los que (en el aspecto que sea) crees que son como tú. Te identificas con "la causa".
Después excluyes a los otros según el grupo al
que te sientes aferrado en ese momento: si hablamos de fútbol "los
sevillistas son...nosotros no"; si hablamos de política "los de
derechas son...nosotros no"; si es una guerra de sexos "las mujeres
no sabéis...nosotros sí", “las mujeres son más...o los hombres somos menos...”
“Los del norte son...”, “los franceses son...”, “los andaluces somos...”, “las
rubias son...”, “los heteros o los gays...”, “los políticos o los votantes...”
Así, según cada contexto, desprecias e incluso
odias a los que no pertenecen a "tu grupo", los mismos a los que amas
y defiendes con pasión porque compartes con ellos la pertenencia a otro grupo
del que sí te sientes orgulloso y a los que, a su vez, insultas y enfrentas de
nuevo por ser de "los otros" en según qué nuevo escenario.
Amor-odio, amor-odio. Es una pura locura. Es la ilusión de la separación,
escudado en la vorágine de grupo o en la rabia de la masa, en el peor de
los casos. Es la falta de identidad propia. Es la confusión con tu verdadera
naturaleza.
Si pretendes construirte una identidad a partir
de esos subgrupos de opinión o condición física o geográfica, tengo una buena
noticia para ti: tú eres Dios. Estás en todas las cosas y en
todos los seres, eres creador cada día y tan grande y poderoso en ti mismo que
no tiene ninguna importancia el avatar físico que ocupes temporalmente ni
necesitas pertenecer a ningún grupo para SER. Ya eres. Como dice Deepak Chopra:
"Debemos descubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un
dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad".
Solo tienes que mirar con atención a tu interior,
detenidamente, meditativamente y cuando conectes con tu verdadera realidad te
sentirás completo y todos esos grupúsculos en los que te buscabas a ti mismo,
esas colectividades banales y excluyentes en las que te apoyabas para no
sentirte solo, no tendrán ningún valor. Y ya no tendrás miedo. Porque te verás
en todo y en todos; porque no es que seamos iguales, es que somos lo mismo.
Minúsculas partes de un Todo diversificado en almas materializadas en un cuerpo
físico para permitir la interacción empírica que enriquece nuestro
espíritu, pero al fin y al cabo partes de una realidad única.
No es una preciosa utopía, es la realidad. La
cuestión es cuándo quieres empezar a despertar, cuándo tomarás la pastilla
roja. Entonces al mirar a tu alrededor ya no verás grupos opuestos
ni identidades enfrentadas. No habrá separación ni habrá
"otros". Sabrás que formas parte del mayor y más fuerte grupo al que
se puede pertenecer: la Humanidad, o más aún: la Creación entera; y te
sentirás verdaderamente orgulloso de ello.
Y sentirás la alegría de SER y de formar parte de
todo, sabiéndote especial pero no por ser extraordinario y superior a los demás
de tu grupo, que es como suele sentirse secretamente aquel que está identificado
con un colectivo, sino por lo maravilloso que es ser humano y compartir esta
preciosa vida con los demás, sin enfrentamientos, con el Amor incondicional que
es la energía invisible que une, como un todo eterno, a todas nuestras almas.
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