martes, 17 de enero de 2012

"La muerte es una etapa como cualquiera otra. Y una de las pocas que es igualitaria en su reparto.

No hay donde huir para que no nos pille, sin embargo muchas veces las personas evitamos pensar en ella, hablar de ella y mucho menos tenerla presente.

Pero es que es un punto de referencia fundamental.

Si no tenemos en cuenta que vamos a morir, perdemos una referencia muy importante. Tendemos a vivir como si quienes nos rodean fueran eternos y nosostros también lo fuéramos.

Vivimos la fantasía de que aquellos que nos rodean estarán siempre allí, y nosotros también. Nuestra relación con la idea de la muerte es vaga y renunciamos así a la posibilidad de ser mucho más flexibles, compasivos y amorosos con quienes nos rodean.

Cuando la muerte alcanza a las personas, de forma directa o indirecta, se muestran sorprendidas, se resisten a creer lo que les pasa, se sienten desgarradas por dentro. ¿Por qué no nos pasa lo mismo cuando alguien nace? ¿Acaso la vida no es con suerte un camino largo y difícil por el que hasta el hombre más afortunado viaja una gran parte del tiempo preguntándose quién es y dónde está? ¿Acaso vivir no duele? ¿Acaso el recién nacido no va a morir jamás? Los chinos lloran cuando un niño nace. Se compadecen de él, porque son conscientes de lo difícil que es para un ser humano transitar por la vida.

Siendo concientes de la muerte no diríamos muchas cosas, no haríamos muchas cosas que causan dolor a nuestros semejantes.

En este sentido el ser mortales es una bendición a la que constantemente renunciamos, incluso obligando a quienes tienen que afrontarla a enfrentarla en soledad sin mencionarla, como si nada pasara.

Abrazos a todos y buenas noches."

Pilar Rodríguez-Castillos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

SEGUIDORES